La Carta De La Tierra

La Carta De La Tierra

Carta de la Tierra

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Bandera de la Tierra, con la fotografía del planeta conocida como La canica azul, tomada desde la nave espacial Apollo 17 en 1972.

La Carta de la Tierra es una declaración internacional de principios y propuestas de corte progresista. La Carta de la Tierra afirma que la protección medioambiental, los derechos humanos, el desarrollo igualitario y la paz son interdependientes e indivisibles.

Historia

En 1997 se formó una comisión para el proyecto llamado “La Carta de la Tierra”. Personas y organizaciones de distintas culturas y sectores participaron en su redacción.

Promovida en el entorno de las Naciones Unidas y de sus organizaciones, ha sido traducida a más de 30 lenguas desde su lanzamiento en el año 2000. Desde entonces la Carta ha ido ganando difusión y reconocimiento en todos los países.

La declaración contiene un planteamiento global de los retos del planeta, así como propuestas de cambios y de objetivos compartidos que pueden ayudar a resolverlos.

La Carta de la Tierra no pretende ser la única respuesta posible a los problemas actuales de la humanidad, y tampoco ser exhaustiva. No obstante, al tener un contenido consistente, trabajado, fruto de un diálogo internacional muy amplio, goza de aceptación generalizada.

Se ha ido desarrollando a la vez un movimiento internacional que trabaja para poner en práctica sus principios. Esta red civil global es conocida como la Iniciativa de la Carta de la Tierra.

Los antecedentes de la Carta

Entre otros:

1982: La Carta Mundial de la Naturaleza1

Es probablemente la declaración ecológica internacional más consistente hasta el 2000, cuando se lanza definitivamente la Carta de la Tierra. El documento, claramente progresivo para su tiempo, fue aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1982.

1987: Informe Brundtland

La Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas (Comisión Brundtland), en su informe de 1987 Nuestro Futuro Común, conocido como Informe Brundtland, hace un llamamiento a la creación de una carta que contenga los principios fundamentales para una vida sostenible. En él se afirma:

La Tierra es una pero el mundo no lo es. Todos dependemos de una sola biosfera para el sustento de nuestras vidas. Sin embargo cada comunidad, cada país, lucha por su supervivencia y prosperidad con poco interés por el impacto que cause a los demás.

Algunos utilizan los recursos de la Tierra a un ritmo tal que dejarían poco para las futuras generaciones.

Otros, en proporción aún mayor, consumen demasiado poco, y viven con un panorama de hambre, miseria, enfermedad y muerte prematura”.2

Pedimos prestado (tomamos) capital ambiental a las futuras generaciones sin intención ni posibilidad de reintegrárselo…

Actuamos así porque sabemos que no seremos sancionados: las futuras generaciones no votan, no tienen poder político ni financiero”.3

1990–1992: Cumbre de la Tierra en Río

Siguiendo la recomendación del Informe Brundtland, se redactan diversos borradores de carta de la Tierra, dentro de la actividad de preparación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre de la Tierra), en Río de Janeiro en 1992. En ellos se intentan establecer las bases éticas sobre las cuales se fundarían la Agenda 21 y otros acuerdos de la Cumbre.

La posibilidad de esa base ética suscita gran entusiasmo, llevando a varios gobiernos y ONG a remitir propuestas y recomendaciones sobre el tema y a celebrar abundantes reuniones internacionales.

La aprobación de ese texto no es posible en la Cumbre de Río. De esta forma, la Agenda 21 (el documento más importante de aquella Cumbre) acentúa su carácter técnico, al quedar privado de fundamentación y de una visión de mayor alcance. En lugar de la carta, se decide redactar y aprobar lo que llega a ser la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.

Sin embargo, durante el Foro Global de las ONG, desarrollado paralelamente a la Cumbre y con estatus consultivo en ella, las ONG de 19 países redactan una carta de la Tierra basada en el trabajo hecho durante el proceso preparatorio. Éste es el primer arranque real de lo que más adelante sería la Carta de la Tierra.4

1997: Kioto, Japón

Asistieron 190 países y acordaron reducir las emisiones de contaminantes a la atmósfera que provocaba el efecto invernadero. Se firmó el Protocolo de Kioto. Sin embargo, Estados Unidos de América puso sus condiciones para favorecer a sus industrias altamente contaminantes. Los países firmantes acordaron disminuir la emisión de dióxido de carbono en 5.2% para 2012, en relación con los niveles de 1990. Entró en vigor hasta 2004.

1998: Buenos Aires, Argentina

Los gobernantes que en 1997 firmaron el Protocolo de Kioto se reunieron para posponer su marcha hasta 2000, la razón fue la desigualdad de países pobres y ricos para hacer frente a los programas de reducción de contaminantes. En 2001 nuevamente se reunieron para posponerlo; asistieron 180 países, excepto Estados Unidos de América.5 2009: Copenhague, Dinamarca

XV Conferencia sobre el Cambio Climático. Estados Unidos de América mantiene su compromiso de reducir los gases del efecto invernadero que produce.

Principios

El texto de la Carta está estructurado en torno a 4 principios básicos o angulares, desplegados en 16 principios generales, desarrollados y complementados a su vez en 61 principios de detalle o de apoyo. Todos ellos van precedidos de un Preámbulo, y finalizan con un texto de conclusión (El camino hacia adelante).

Éstos son los 16 principios generales:

I. Respeto y cuidado de la vida.

1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.

2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.

3. Construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.

4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.

II. Integridad ecológica

5. Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.

6. Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y, cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.

7. Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.

8. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.

III. Justicia social y económica

9. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.

10. Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.

11. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisitos para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.

12. Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.

IV. Democracia, no violencia y paz

13. Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad, participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.

14. Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.

15. Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.

16. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.

La Carta finaliza con estas palabras:

Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde

por el despertar de una nueva reverencia ante la vida;

por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad;

por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz;

y por la alegre celebración de la vida.

La Carta hoy

Especialmente en la última década, la opinión pública ha ido concordando con la opinión científica de que se avecinan cambios dramáticos en los patrones de producción y consumo.

Desde el nacimiento del texto, y especialmente desde 2007, no ha dejado de crecer el respaldo formal y la legitimidad de la Carta. Han dado su apoyo explícito más de 5.000 organizaciones junto con multitud de adhesiones personales directas, configurando un respaldo global de millones de personas.

Lo más atractivo de la Carta parece ser precisamente su estilo, lejos de lo habitual en los grandes programas internacionales. No es una lista detallada de obligaciones, minuciosos controles o auditorías, fundamentando esa apelación en una sólida base moral y analítica. Por ello es una declaración motivadora, viva, con fuerza movilizadora, de la que suelen carecer los documentos internacionales.

El tercer pilar del desarrollo pacífico

Jerusalén. Cúpula de la Roca. Al fondo, iglesia del Santo Sepulcro. En primera línea, abajo, almenas del Muro de las Lamentaciones .

 “En medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común”. (Preámbulo de la Carta).

Mijaíl Gorbachov10 afirma que el mundo actual encara tres problemas principales que abarcan a todos los demás:

el reto de la seguridad, armas de destrucción masiva y terrorismo;

el reto de la pobreza y de las economías subdesarrolladas; y

el reto de la sostenibilidad ambiental.

Existen dos documentos en el derecho internacional al servicio de la comunidad mundial para enfrentar los dos primeros:

La Carta de las Naciones Unidas, que reglamenta las relaciones entre estados y, por consiguiente, establece normas de conducta para conseguir la paz y la estabilidad.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, que regula las relaciones entre estados y personas, y garantiza a todos los ciudadanos un conjunto de derechos inalienables que sus respectivos gobiernos deberán asegurarles.

La trascendencia de ambos documentos no debe sobreestimarse.

Resulta evidente la necesidad de un tercer documento que pueda reglamentar específicamente las relaciones entre estados, individuos y naturaleza, definiendo los deberes de los seres humanos hacia el medio ambiente y hacia la comunidad de la Tierra.

La Carta de la Tierra, que recoge los tres problemas, y no sólo el ambiental, bajo una idea amplia de sostenibilidad, parece estar llamada a llenar ese vacío, convirtiéndose en ese tercer pilar del desarrollo pacífico del mundo moderno.

Sigue en marcha un proceso internacional de apoyo, con un número creciente de gobiernos locales y nacionales respaldando a la declaración (los de España, Brasil y México entre otros), así como la Unesco y multitud de organizaciones no gubernamentales[cita requerida].

El objetivo de ese proceso es la adopción de la Carta de la Tierra como referencia ética y jurídica sobre la sostenibilidad por las Naciones Unidas y la comunidad internacional. Se sigue trabajando a favor del reconocimiento oficial que, aunque pueda sorprender, todavía no se ha producido.

Sudáfrica, país anfitrión de la Cumbre de Johannesburgo en 2002, lideró entonces un gran esfuerzo internacional por reconocer la Carta de la Tierra, malogrado principalmente debido a la oposición de los Estados Unidos. Esto no es obstáculo a que la Declaración de Johannesburgo apoye explícitamente conceptos introducidos por la Carta, como el cuidado de la comunidad de la vida.

Obtenido de «https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Carta_de_la_Tierra&oldid=99241534»


Mis sitios nuevos:
Emprendedores
Politica de Privacidad