La Fabula

La Fabula

Fábula

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Esopo. Ilustración en las Crónicas de Núremberg.

La fábula es una composición literaria breve, generalmente en prosa o en verso, en la que los personajes principales son animales o cosas inanimadas que presentan características humanas. La fábula tiene “una intención didáctica de carácter ético y universal”1 que siempre aparece en la parte final de esta misma, proporciona una enseñanza o aprendizaje, que puede ser útil o moral y es conocida generalmente como moraleja. En el Diccionario de uso del español de María Moliner2 de Helena Beristáin se indica que “se trata de un género didáctico mediante el cual suele hacerse crítica de las costumbres y de los vicios locales o nacionales, pero también de las características universales de la naturaleza humana en general”.

Características

Como género literario, posee un carácter mixto narrativo y didáctico, además debe contener estas propiedades:

Género: Literario, subgénero narrativo.

Elementos de la narración: Generalmente en las fábulas existe un narrador que relata los hechos acontecidos en tercera persona, así como en un orden cronológico. Además, relata lo que les sucede a los personajes principales en un tiempo y lugar indeterminados.

Estructura: Las fábulas, suelen estar escritas en prosa o en verso además de que suelen ser historias breves y didácticas. La mayoría de estas comienzan con la presentación de una situación inicial en la cual, generalmente se plantea una problemática moral que puede tener solución o no. Finalmente, ésta termina con una enseñanza o moraleja que puede ser útil para el lector.

Los personajes: En su mayoría, los personajes suelen ser animales u objetos inanimados a los que se les dota con características humanas; tales por ejemplo la codicia, avaricia y envidia. Estos suelen estar envueltos en situaciones problemáticas que deberán resolver.

Temas: Generalmente los temas que se abordan en las fábulas son vicios humanos como la arrogancia, la mentira, etcétera; ya que detrás de cada una de éstas se muestra una intención de criticar los comportamientos y actitudes que se van desarrollando dentro de la historia.

Su exposición de vicios y virtudes es maliciosa, irónica.

La fábula clásica reposa sobre una doble estructura; desde el título mismo se encuentra una oposición entre dos personajes de posiciones subjetivas encontradas. Pero estos dos personajes se encuentran siempre en desigualdad social: uno en posición alta y otro en posición baja y desfavorable. Gracias a un evento narrativo imprevisto o survenant, el que estaba en posición alta se encuentra en posición inferior y viceversa. Este esquema es denominado por Christian Vandendorpe como “doble reenvío” en Apprendre à lire des fables, Montréal, 1989 y se encuentra en decenas de ellas, sobre todo en las populares, y permite fijar la comprensión y vehicular una moralidad clara. Como dice Hegel, “La fábula es como un enigma que será siempre acompañado por su solución” (Estética, II) Incluso si la fábula no tiene ya popularidad, el esquema que la forma se reencuentra en el hecho diverso (Christian Vandendorpe, De la fable au fait divers) y en la leyenda urbana (Jean-Bruno Renard, Rumeurs et légendes urbaines, París: Coll. Que sais-je?, 3445). Estas situaciones son imprescindibles en una fábula, pues sin importar el autor, el contexto social o político, éstas son las que la identifican y marcan un límite entre ella y otros géneros similares con los que podría confundirse por la forma alegórica que contienen. Género literario

No debe confundirse con la parábola o relato simbólico ni con el discurso o sermón parenético, cuya intención es exhortar a seguir una conducta ética y por ello recurre con frecuencia a este tipo de procedimientos.

Se diferencian de los apólogos en que estos son más generales y en ellos pueden intervenir además hombres y personajes tanto animados como inanimados. Pueden estar escritas en prosa o verso. En el Index motifs, catálogo de motivos de relatos folclóricos de Antti Aarne y Stith Thompson (Aarne-Thompson), las fábulas aparecen clasificadas como cuentos de animales.

A pesar de ser un género literario sujeto a la transmisión oral de generación en generación, la fábula aún conserva estas características que la diferencian de otros géneros narrativos más mutables como el cuento, el relato o la novela, a los cuales el tiempo ha traído numerosos cambios, nuevos subgéneros y tendencias.

Conviene distinguir claramente la fábula como género literario, de la fábula argumental o argumento: Aristóteles hablaba de esta última cuando escribe que la fábula es uno de los seis elementos que forman la tragedia junto con los caracteres, el canto, la elocución, el pensamiento y el espectáculo. (Poética, cap. VI, 1450a). Así pues, la fábula trágica es su argumento o el encadenamiento de acciones y hechos expuestos que forma la narración o, de otra forma, en el lenguaje cinematográfico, la sinopsis.

Un ejemplo de fábula en prosa es el “Gato y el Ratón” en donde se pueden identificar las características de ésta.

El Gato y el Ratón

Había una vez un pequeño ratón que vivía en la casa de una mujer vieja. La señora, que temía de estas criaturas, colocó muchas trampas para matarlo. El ratón, asustado, le pide ayuda al gato de la mujer.

¿Podrías ayudarme, lindo gatito? -le dijo al gato.

Sí, ¿en qué? -respondió este.

Sólo quita las trampas de la casa -dijo el ratón.

Hmmm… Y, ¿qué me das a cambio? -dijo el gato.

Finjo ante la señora que estoy muerto, ya que tú me has matado; ella creerá que eres un héroe -respondió el ratón.

Me has convencido -dijo el gato.

El gato sacó las trampas de la casa, pero el ratón nunca cumplió su parte del trato. Un día, la señora descubrió que fue el gato quien sacó las trampas. Ella, muy enfadada, decide dejar al gato en la calle.

La siguiente es un ejemplo de fábula en verso, es un texto de Tomás de Iriarte:3

La rana y la gallina

Al que trabaja algo, puede disimulársele que lo pregone; el que nada hace, debe callar.

Desde su charco, una parlera rana

oyó cacarear a una gallina.

«¡Vaya! -le dijo-; no creyera, hermana,

que fueras tan incómoda vecina.

Y con toda esa bulla, ¿qué hay de nuevo?»

«Nada, sino anunciar que pongo un huevo».

«¿Un huevo sólo? ¡Y alborotas tanto!»

«Un huevo sólo, sí, señora mía.

¿Te espantas de eso, cuando no me espanto

de oírte cómo graznas noche y día?

Yo, porque sirvo de algo, lo publico;

tú, que de nada sirves, calla el pico».

Historia

La fábula ya era cultivada en Mesopotamia, dos mil años antes de nuestra era. Unas tablas de arcilla que provienen de bibliotecas escolares de la época cuentan brevemente historias de zorros astutos, perros desgraciados y elefantes presuntuosos. Muchos de estos textos muestran una gran afinidad con los proverbios por su construcción antitética, pero no poseen una moral explícita.

Fábula y moraleja

A lo largo de la historia, la fábula ha sido considerada más que un elemento lúdico o un género literario. Diferentes pensadores le han dado a la fábula un tinte de elemento ejemplarizante que a lo largo de la historia ha fungido como más que relatos fantásticos con animales.

Uno de los primeros filósofos que opinó respecto a la problemática de la enseñanza por medio de las fábulas, fue Platón, quien la atacó por la preponderancia que él le daba a la lógica sobre la estética; sin embargo, Platón se oponía no solo al uso de las fábulas en la enseñanza sino a todo uso de arte, puesto que el arte alejaba el alma de la verdad, de la cual poseía por naturaleza la semilla y la disposición para el conocimiento. (Nervi, 1965)

Aristóteles define a la fábula como uno de los tantos elementos de los que se vale un orador para persuadir. Por tanto es un elemento más de la retórica y no un género literario. Ya en las fábulas griegas se reflejaban rasgos de su sociedad; cada sociedad ha buscado transmitir ciertos valores de manera implícita en estas narraciones sin embargo fantásticas.

Por otra parte, Rousseau (2005, p115) critica fuertemente el uso de las fábulas en el entorno educativo y las tilda de deformadoras del carácter inocente de los niños. Para Rousseau las fábulas son relatos de difícil entendimiento para un niño y son escritos cargados de mensajes de moral equívoca, porque muestran que es el más fuerte y astuto quien vence y posee ventajas sobre quienes adolecen de falta de sagacidad.

Sin embargo, si bien hubo críticos acérrimos de las fábulas, también hay quienes desde una posición más neutral defienden que pueden ser beneficiosas en ciertos procesos de aprendizaje. Karl Vossler (1947, p.70) dijo a propósito que una fábula puede servir como elemento de ayuda en el aprendizaje, pero no para los niños, puesto que un correcto entendimiento de las mismas necesita al menos la experiencia de quien tenga al menos 40 años.

Más benévolos son autores como Alfonso Francia (1992, p.8), quien destaca la importancia del género para fomentar actitudes y comportamientos precavidos en niños y adolescentes; es más, afirma que una gran cantidad de técnicas y recursos hacen de la fábula un medio pedagógico de primera calidad y del cual se puede hacer uso para mejorar el proceso educativo.

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