La Propuesta De La Tercera Via

La Propuesta De La Tercera Via

La “tercera vía” es una propuesta política que intenta superar los esquemas planteados por la derecha e izquierda tradicionales. El partido Demócrata de EE.UU. y los partidos izquierdistas de Europa occidental se adhirieron a ésta en busca de una respuesta satisfactoria a un mundo marcado por la globalización y en procura de poder después del fin de la Guerra Fría. Su principal teórico es Anthony Giddens, presidente de la Escuela de Economía de Londres. Giddens fungió como consejero del ex Presidente de EE.UU. Bill Clinton y del Primer Ministro británico Tony Blair, quienes, a la par que el Canciller alemán Gerhard Schrode, han puesto en práctica la teoría. En julio, éstos políticos se reunieron en la Inglaterra rural, en un intento de inyectar nueva vida a la idea que les guía.

La “tercera vía” es una filosofía política de centro-izquierda que pretende promocionar la democracia social como respuesta al cambio global en la ciencia y la tecnología, la economía, las clases sociales y el medio ambiente. Aboga por controlar la actual corriente de cambios revolucionarios, tales como la globalización y los nuevos vínculos entre el ser humano y la naturaleza, siguiendo el nuevo espíritu de la modernización. Procurando equidistancias en la contradicción entre izquierda y derecha, apunta a considerar por igual la justicia y el desarrollo, manteniendo el equilibrio entre derechos y deberes. Considerada como “socialismo nacionalista modernizado”, la “tercera vía” es también una solución política a los problemas nacionales. Pone el énfasis en los recortes de bienestar, la disminución del control y la interferencia del gobierno y destaca la competencia del mercado libre como forma eficaz de implementar la justicia social.

Con respecto a la política exterior, la “tercera vía” propone un “nuevo internacionalismo”. Sus defensores sostienen que varios países deben consolidar cooperación para ponerse a tono con los desafíos de la globalización y creen que los principales peligros que amenazan a estos países son la proliferación nuclear, las actividades terroristas y un medio ambiente maltratado, más que cualquier amenaza de un país enemigo. Se considera asimismo que los intereses nacionales tienen su base primordial en la cooperación internacional y que todos los países deben participar activamente en la cooperación internacional.

Consideran que la no interferencia en los asuntos domésticos de otro país es algo atrasada. Para promover la democracia occidental y los derechos humanos, los adalides de la “tercera vía” consideran necesario promover la interferencia internacional respondiendo a “patrones universales” y con el objetivo de restablecer el orden político y la seguridad globales sobre las bases de reformar viejas organizaciones y mecanismos internacionales.

Proponen la teoría de la administración global. En medio de un sistema internacional que experimenta cambios significativos, estiman que las naciones soberanas no son la única entidad que rige las relaciones internacionales, y que las organizaciones internacionales gubernamentales, las no gubernamentales, las corporaciones transnacionales y los grupos sociales transnacionales han devenido en actores de la comunidad internacional. De tal suerte, abogan por desechar los parámetros de la administración soberana de cualquier Estado individual, dando más prerrogativas a las organizaciones internacionales y poniendo riendas a la anarquía del sistema internacional mediante la coordinación, la cooperación y la promoción de la administración global.

La teoría de la tercera vía se basa en la globalización, y es el medio concreto de responder a la globalización. Primero, con el acelerado desarrollo de la globalización económica, una serie de problemas han sobrepasado el marco de administración estatal, como en los casos de la creciente brecha entre los ingresos de ricos y pobres, las fracturas sociales internas, el empeoramiento del estado del medio ambiente, las violaciones a los derechos humanos, el delito internacional y las especulaciones con fondos internacionales pasivos. Estas cuestiones no pueden ser resueltas por ningún Estado de forma aislada, como tampoco pueden asumirlos las organizaciones dominadas por Occidente y los mecanismos internacionales establecidos en la Guerra Fría. Lo que se impone en este sentido es un nuevo sistema de administración global que movilice las iniciativas de los Estados nacionales, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales en la coordinación de las diversas relaciones. Tal concepto es necesario asimismo para desarrollar los valores globales, salvaguardar los intereses globales y promover la cooperación entre todos los actores internacionales.

La globalización económica impulsó la teoría de la “tercera vía” más allá de los países capitalistas hasta convertirla en un fenómeno político global. Por ejemplo, algunos países en vías de desarrollo en América Latina, Asia y el Sudeste Asiático han elegido la “tercera vía” adaptándola a sus propias características al hacer frente al impacto de la globalización y la crisis financiera. Contra el telón de fondo de la creciente contradicción entre el nuevo liberalismo y el nacionalismo, están intentando explorar una manera de combinar la economía de mercado con la función del Estado y, simultáneamente, involucrarse en la globalización económica y defender sus intereses nacionales.

La “tercera vía”, nacida en los países occidentales, es un estudio razonable para buscar un camino hacia el desarrollo en la época global. La teoría pone en evidencia algunos problemas sociales y representa a las fuerzas avanzadas que procuran cambiar el status quo social. La misma subraya la solución de las contradicciones económicas y sociales domésticas, la no interferencia en los asuntos internos de otro país, la participación en la extensión y división nacionales de los recursos globales, a lo cual, hasta cierto punto, refleja el concepto estrecho de intereses nacionales que enarbolan los países occidentales. Por otra parte, la teoría promociona la administración global, acentúa el gobierno global acorde a reglas y leyes internacionales, para satisfacer las demandas del desarrollo global y dar soluciones a los problemas globales. Se trata de un aporte al entramado político internacional.

Los países occidentales asumen la “tercera vía” como marco político para lograr la globalización. Blair defiende la condición de la globalización como fenómeno político y de seguridad. Propuso la reforma de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y la Organización Mundial del Comercio (OMC), junto al establecimiento de una nueva carta económica y nuevas reglas vinculadas a la transparencia y apertura. Está demás decir que tales reglas serán instrumentadas a la medida de los países occidentales.

En segundo lugar, varios Estados se han movido hacia el centro en su política doméstica. Después de la II Guerra Mundial, muchos países capitalistas tendieron a convertirse en Estados de bienestar, mientras que algunos países no capitalistas acometieron gradualmente la privatización y la economía de mercado, lo que demostró la existencia de un nivel de convergencia entre derecha e izquierda, en un proceso de aprendizaje mutuo. Por supuesto, la teoría de la “tercera vía” encuentra diversas formas de manifestarse según el país, que aplica la teoría de acuerdo con sus propias condiciones, adoptándola en diversas formas y etapas. Por ejemplo, la tercera vía de EE.UU. diverge de la existente en los países europeos. Estos últimos ponen en primer lugar la cooperación, intereses compartidos, coordinación multilateral y transferencia de poderío soberano, mientras que el primero acentúa el unilateralismo y la administración global. La línea media de Bush se diferencia de la de Clinton. Este último pone el énfasis en la reducción de la interferencia del gobierno en el mercado, aumento de fondos para la educación, desarrollo de la nueva y alta tecnología, impulso a eficiencia del gobierno y disminución del déficit fiscal. En relación con la política exterior, Clinton promovía la intervención internacional en defensa de los derechos humanos, la democracia y la soberanía limitada. En la comparación, la administración de Bush propuso su conservadurismo compasivo y ajustó su política hacia el centro alentando la “compasión” en la competencia y ayudando a los ciudadanos a desarrollar su “sentido del esfuerzo personal”. Así, prometió invertir más de 10 mil millones de dólares en la educación durante los cinco años próximos, propuso reformar la seguridad social y el seguro por enfermedad y expresó su intención de adoptar una política más tolerante en temas relativos a las mujeres, los afro-estadounidenses y las minorías. En relación con las relaciones internacionales, Bush no ha desechado el intervencionismo, sino que incluso ha acuñado las teorías del “eje del mal” y del “primer golpe” en su guerra contra el terrorismo. Afirma que el terrorismo es la mayor amenaza a la libertad, con justificaciones a favor de la interferencia y el ataque a otros países, lo cual, hasta cierto punto, constituye una variante de la “tercera vía” de Clinton.

En años recientes, se ha producido un resurgimiento de la derecha en Europa. En Francia, el candidato derechista Jean-Marie-Marie Le Pen incluso entró en la segunda ronda para las elecciones presidenciales. La “tercera vía” parece haber fallado. Sin embargo, la misma se mantiene como filosofía política para el partido Demócrata de EE.UU., el partido Laborista británico, los partidos demócrata-sociales europeos e incluso el partido Demócrata-Cristiano. También ejerce gran influencia sobre otros partidos gobernantes a través del mundo. Después del 11 de septiembre, Gran Bretaña y otros países europeos propusieron un “nuevo imperialismo” como base teórica para luchar contra los terroristas extranjeros y predicaron que las “organizaciones post-modernas” como la UE deben aplicar el doble rasero al tratar asuntos internos y exteriores. Esto significa que la UE cuenta con respaldo para recurrir a la fuerza contra los supuestos “Estados fracasados” para “restablecer el orden” mientras dirige sus asuntos internos en base de la ley y la defensa colectiva. El abanderado de este pensamiento es Robert Cooper, consejero de Blair para asuntos exteriores. El susodicho apeló a los países occidentales, especialmente a Gran Bretaña y otros países de la UE, a implicarse en asuntos de ultramar para restablecer orden mundial después del 11 de septiembre y justificó tal acción con la teoría del “imperialismo defensivo”. Esta teoría sigue el mismo curso que la interferencia “humanitaria” y el “nuevo intervensionismo” que promovía Clinton”. La diferencia fundamental estriba en que despide un mayor tufo a colonialismo. Evidentemente, la teoría de la “tercera vía” continuará desarrollándose con el mismo objetivo: la defensa de los intereses nacionales. (Fragmentos del texto, de Beijing Informa)


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