Metalinguistica



Muy poco ha añadido la lingüística, desde su propia perspectiva, a esta concepción filosófica que está en el origen de la función metalingüística y que ha llevado de hecho a la identificación reductora de ésta con el llamado metalenguaje (o lenguaje con el que se habla acerca del lenguaje) y a considerarla una función “externa”, de categoría “secundaria”, que sólo “ocasionalmente” y “por manipulación” se emplea y que ha gozado, salvo excepciones, del olvido de los lingüistas8.

Básicamente, dos son los argumentos con que se relega a las funciones fática y metalingüística, que es la que ahora nos interesa, a la categoría de secundarias:

a) la ausencia de rasgos formales que permitan identificarlas inequívocamente; y

b) la imposibilidad de aislar en los enunciados una función fática o metalingüística en rigor diferenciada de verdad de la apelativa y referencial, respectivamente.

En efecto, reducida al metalenguaje9, la función metalingüística (en adelante, FM) queda limitada a ciertas estructuras típicas como la mención (“Bolígrafo es lo que yo he dicho”) o la llamada frase ecuacional, típica de las definiciones (“La mesa es un objeto de cuatro patas”); estructuras, como se ve, en nada diferentes de “Bolígrafo es lo que yo necesito” y “La mesa es un objeto bonito”, si no es con criterios estrictamente semánticos. Así, pues, desde el punto de vista formal, parece que se trata de un uso particular de la función referencial o representativa en el que se toma como referente al propio lenguaje (en lugar de una realidad extralingüística).

Esta reducción es seguramente la principal responsable del abandono en que se ha tenido el estudio de esta función y de su minusvaloración (sorprendería comprobar lo poco que se habla de ella en la literatura lingüística, hasta donde hemos podido conocer), sobre todo teniendo en cuenta que no hay -que sepamos- ningún impedimento “teórico” explícito ni sugerido en Jakobson, su introductor, y referencia imprescindible en los estudios posteriores.

Al contrario: como todos seguramente hemos sospechado alguna vez, la presencia de la FM no se limita en nuestros actos comunicativos a los casos normalmente descritos, en los que el lenguaje se convierte en el referente explícito de la comunicación (definiciones del diccionario, clase de lengua, explicaciones puntuales sobre el significado…). En realidad, su importancia va mucho más allá, como ya sugieren el título del trabajo de Weinrich (De la cotidianidad del metalenguaje)10 y el propio Jakobson cuando dice:

Como el Jourdain de Molière, quien empleaba la prosa sin saber que era prosa, practicamos el metalenguaje sin percatarnos del carácter metalingüístico de nuestras declaraciones. Lejos de limitarse a la esfera de la ciencia, las operaciones metalingüísticas resultan ser una parte integral de nuestras actividades verbales11.

Habla además este autor del “control metalingüístico bajo el cual se efectúan muchas operaciones verbales” (p.e., la creación de palabras derivadas), de las “operaciones metalingüísticas que se llevan a cabo en la traducción”, del metalenguaje como “factor vital de todo desarrollo verbal (en los niños)”; y cierra su artículo con estas palabras:

Nos damos cuenta con una claridad aún mayor de que todo mensaje verbal en la selección y combinación de sus constituyentes implica un recurso a un código dado y que un conjunto de operaciones metalingüísticas latentes subyace a este armazón perpetuo12.

Apunta así Jakobson, al hilo de sus explicaciones, numerosas sugerencias interesantísimas, que nunca desarrolla y que tampoco han encontrado eco teórico posterior.

Para ampliar, pues, legítimamente, el campo de acción y consideración de la FM, de acuerdo incluso con las sugerencias del propio Jakobson, bastaría:

a) por una parte, con ampliar los criterios de consideración teórica, como M.A. Garrido Gallardo, y hablar de criterios formales y/o semánticos: “Las funciones se traducen en la huella formal y/o semántica dejada en el mensaje por su orientación a cada uno de los elementos del proceso comunicativo”13;

b) por otra, con tener en cuenta algo esencial que parece haberse olvidado: si la FM es una constante en la comunicación, en nuestra vida, es, sin duda, porque el lenguaje humano no sólo es el único (/”lenguaje” animal) capacitado para hacer uso de ella (reflexividad), sino que está confinado, definitivamente condicionado por tal característica.

A ello podemos añadir que, como afirma M. Yaguello, “la comunicación humana se distingue de las otras formas de comunicación por el hecho de que no tiene necesariamente como finalidad la información [de la realidad extralingüística]”14 y mientras que el resto de las funciones pueden ser expresadas por medios no lingüísticos (mímica, gestos…) o ser asumidas por otros sistemas de signos, la FM es la única de las seis funciones inseparable del lenguaje (y exclusivamente humana), dado que está centrada sobre el código y su funcionamiento.

Por eso estamos “invadidos” de FM, porque, inevitablemente, todo uso lingüístico hace referencia a su propio código,

todo hablante ejerce una actividad metalingüística inconsciente, aunque no fuese más que porque todo acto de habla representa una serie de elecciones que remiten a un código, cuya adquisición, en el niño, se acompaña de un trabajo de análisis que no por [no] ser percibido es menos considerable15,

y hasta la designación que damos o dejamos de dar a las cosas es una cuestión metalingüística16. Y por eso también, aunque casi siempre intuitivamente, los psicólogos hablan de conductas y de habilidades metalingüísticas17, comprendemos sin dificultad que muchas veces el efecto cómico de nuestros chistes favoritos reside en el conocimiento metalingüístico que aplicamos a/en ellos18, y los propios lingüistas hemos hablado muchas veces de FM en ejemplos que no son “de metalenguaje” y, a pesar de todo, nadie se ha atrevido a discutírnoslo.

Autor: http://www.wikilearning.com/monografia/funcion_metalinguistica_y_uso_del_lenguaje-la_funcion_metalinguistica/17125-2







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